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Diversidad e inclusión en América Latina y el Caribe

12-11-2018
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A pesar de los avances de las últimas décadas en materia económica y social, América Latina y el Caribe sigue adoleciendo de una fuerte y persistente desigualdad. Diez de los quince países más desiguales del mundo están en la región, y la desigualdad se ha convertido en una característica histórica y estructural de nuestras sociedades.

La condición étnico – racial, de género, de origen socio-económico y geográfico, son factores fuertemente asociados a la persistencia y reproducción de los circuitos viciosos de la desigualdad. La discriminación, la exclusión, la debilidad de las instituciones encargadas de velar por la garantía de los derechos de los mas vulnerables, y la falta de políticas públicas con una mirada sensible a las diferencias y a la diversidad, perpetúan las condiciones que mantienen las enormes brechas entre los ciudadanos latinoamericanos. De esta forma, la pobreza y la desigualdad tienen rostro: son jóvenes, niños y mujeres afrodescendientes, indígenas, ubicados en las zonas rurales de América Latina y el Caribe.

Esta población es todavía poco visible en las cifras y, en consecuencia, en las políticas públicas. Hace solo 16 años, los censos en la región empezaron a recoger estadísticas al respecto, y aún hay muchas deficiencias en el registro. De hecho, no todos los países de la región cuentan con información de pobreza clasificada por etnicidad o con los datos necesarios para comprender las diversas aristas del problema. Estas deficiencias han contribuido a que las brechas asociadas a condiciones raciales, étnicas y de genero no hayan sido debidamente atendidas.

En la región, la población en situación de indigencia y pobreza es significativamente mayor entre indígenas y afrodescendientes. En el caso de la población indígena, ésta presenta tasas de pobreza que son, en promedio, dos veces más altas que para el resto de latinoamericanos. Esta situación implica enormes desventajas en cuanto acceso, permanencia y conclusión de la escolaridad, y en consecuencia, dificultades para acceder al mercado laboral formal, así como para beneficiarse de los sistemas de salud y seguridad social. De acuerdo con datos del Banco Mundial, en Brasil, una mujer afrodescendiente embarazada, tienes tres veces más posibilidades de morir durante el parto que una madre blanca. En Perú, el 20% de la población vive con menos de 2,50 dólares al día, pero si se mide solo a la población indígena, la cifra llega al 30%.

Estos datos dan cuenta del grado de exclusión y marginación en que viven estos grupos poblacionales que, en consecuencia, no participan de los círculos de poder ni de los procesos de toma de decisiones, tienen menores posibilidades de inclusión social y económica, menores oportunidades para desarrollarse y ejercer sus derechos, y son los mas afectados por desastres naturales y el cambio climático.

Es imperativo avanzar hacia la plena garantía de los derechos de los grupos poblacionales afrodescendientes e indígenas, e incluirlos en las estrategias de desarrollo. La enorme riqueza étnica y cultural y la diversidad latinoamericana, deberían ser un activo en la búsqueda del desarrollo sostenible y no un factor de perpetuación de los circuitos viciosos de la pobreza y la desigualdad. 25% de la población en la región, es decir una de cada cuatro personas, es indígena o afrodescendiente. Se contabilizan 826 pueblos indígenas reconocidos por los Estados, cuya población se estima en un total de al menos 48 millones de personas.

Existe además una cuantiosa población afrodescendiente, que se estima en más de 125 millones de personas, la mayoría de las cuales viven en Brasil. Toda esta diversidad que caracteriza América Latina y el Caribe más que una fuente de riqueza y una palanca para el desarrollo sostenible, se ha convertido en un factor que ahonda y pone rostro a la pobreza y a la desigualdad. ¿Cómo dar vuelta a estas circunstancias? ¿Cómo convertir la diversidad en palanca para la construcción de una sociedad más inclusiva, equitativa, próspera y democrática? ¿cómo involucrar a estos grupos poblacionales, tradicionalmente excluidos, en las estrategias para alcanzar el desarrollo sostenible? ¿cómo lograr que el desarrollo en la región sea para todos?

Estas preguntas son relevantes, complejas y estructurales. Construir riqueza desde la diversidad supone, entre otras cosas, visibilizar, identificar y aceptar las diferencias y complementariedades; estimular la participación, la inclusión de voces y el dialogo; promover acuerdos, colaboración y vínculos entre diferentes para sentar las bases de una sociedad más protectora de los derechos, equitativa y democrática con perspectiva de largo plazo; trabajar en leyes y programas en clave de inclusión; fortalecer las instituciones para garantizar los derechos de todos los grupos poblacionales; pero sobre todo, hay que trabajar en las actitudes y percepciones. Erradicar la pobreza y la desigualdad, y hacer que la prosperidad llegue a todos, requiere de acciones que cambien la forma en la que las sociedades interactúan consigo mismas para promover la inclusión.

Si no logramos visibilizar, hacer que florezca la voz y las expectativas de estos grupos, las políticas públicas y las acciones (públicas, privadas, civiles) no podrán incorporarlos, las soluciones serán parciales y poco efectivas, las posibilidades de articulación no ocurrirán, y perderemos las oportunidades creativas de encontrar nuevas y más efectivas de sendas desarrollo.

RedEAmérica ha hecho un llamado a las empresas, fundaciones e institutos a promover comunidades sostenibles, entendidas como aquellas que construyen democráticamente el desarrollo, entre múltiples actores, buscando el equilibrio entre lo social, lo económico, lo ambiental, humano e institucional con perspectiva de equidad a largo plazo. Y bajo esta visión, no es posible pensar en la construcción comunidades sostenibles en América Latina y el Caribe, sin comprender y gestionar la diversidad y la inclusión.

Por eso los invito al FIR Salvador 2019 http://fir-redeamerica.org/Es donde esperamos generar una reflexión sobre las oportunidades y los desafíos que la diversidad plantea a las empresas y fundaciones para construir con otros actores, el desarrollo sostenible en la región. No solo aspiramos contribuir a que nadie quede a tras como plantean los ODS, sino a convertir la diversidad en fuente de generación de creatividad, innovación y riqueza para todos.